Odio y agresión, ¿fruto cultural o factor innato?



¿Por qué hay gente que constantemente critica? “Hay gente que no vale la pena pasar tiempo con ella; mira su forma de actuar, realmente no es un buen ejemplo para sus seguidores”. Seguramente algunas de estas preguntas ya nos las hicimos, sin embargo, es mejor preguntar: ¿realmente son los demás los que odian y critican? ¿No somos nosotros? Acabamos juzgando a los demás con alguno de estos enunciados en algún momento. Teniendo en cuenta que tanto los demás como nosotros somos seres de los cuales emana el odio, ya que, según Freud, este nos es estructural, nos hagamos la siguiente pregunta: ¿por que odiamos?: Porque la otra persona se lo gano, porque es algo repulsivo, porque me hace daño, e incluso –y no únicamente-, como ya dijimos en otro artículo, por tener mejor ingreso económico que nosotros (a pesar de ser solo apariencia).


Odio innato y represión cultural

El odio, parece ser, algo innato, ya instalado en nosotros; no aprendimos a odiar por la traición de alguien de confianza ni por alguna desilusión, no; el odio lo tenemos desde pequeños, desde que quitábamos los juguetes, comida o peleábamos de alguna forma a nuestros hermanos o, en el caso de ser hijo único, cuando debíamos compartir las cosas con alguna otra persona; sin embargo, incluso desde aquí, el odio no se forma; incluso, es anterior a estas cosas. El odio es esto que nos forma, Freud nos dice (1930): “el ser humano no es un ser manso, amable […] sino que es licito atribuir a su dotación pulsional una buena cuota de agresividad. […] el prójimo no es solamente un posible auxiliar y objeto sexual, sino una tentación para satisfacer en el la agresión” (Malestar en la cultura p.108). No somos sujetos amorosos que buscan defenderse del odio que nos ataca continuamente, sino todo lo contrario; somos sujetos forjados por el odio los cuales necesitamos del amor para no “auto-explotar”, somos sujetos los cuales vivimos cubiertos por un pseudo-manto amoroso, el cual, al rasgarse, devela ese odio originario el cual nos constituye. Vemos esta manifestación en distintos ámbitos de la vida cotidiana: gente criticándose sea por su forma de ser, características físicas, ideales, incluso llegando a formar grupos en donde nos centramos a criticar a otras personas que no vayan con nuestro ideal; incluso formamos parte de grupos no solo por nuestro ideal, sino mas bien por apartar y excluir a ciertos individuos.



Agresión y expresión social

En un intento por hacer este tema más claro, podemos tomar un ejemplo actual como lo fue el partido superclásico suspendido (noviembre del 2018) entre River, Boca y sus hinchas; vemos en una situación como esos hinchas insultando, gritando, arrojando cosas y provocando daños sin sentido alguno; a esto mismo nos hemos estado refiriendo. Este odio hacia los demás, esa unión a un grupo para mostrarnos agresivos ante uno contrario es un modo de infligir daño utilizando esa herramienta humana de destructividad: el dolor.


¿El dolor como enlace social?:

Scheper-Hughes y Lock nos dice: “El dolor destruye, desmiembra y deconstruye el mundo de la víctima” (El cuerpo “mindfull” pensante: prolegómenos hacia el futuro trabajo en la antropología medica); aunque, refiriéndonos a los grupos agresores como el del ejemplo, muchas veces el otro tiene la posibilidad de unirse a este grupo agresor en pos de eliminar ese dolor recibido, aunque antes, dejando de lado sus ideales por los cuales es criticado a cambio de reemplazarlos por ese nuevo ideal del grupo agresor, deviniendo esta unión en una cálida sensación de camaradería; Miller nos explica mejor esto: “Simplemente, se confiesa  que se quiere al Otro siempre que se vuelva el mismo. Cuando se hacen cálculos para saber si deberá abandonar su lengua, sus creencias, su vestimenta, su forma de hablar, se trata de saber en que medida el abandonaría su Otro goce” (J.-A. Miller. Enemigos éxtimos, Página/12).

El odio como parte del ideal

Podríamos decir que, tal vez una buena parte de nuestro ideal la conforma el odio. “Cuando cierta densidad de poblaciones, de diferentes tradiciones, de culturas diversas, se expresan, resulta que el vecino tiende a molestarlos porque, por ejemplo, no festeja como ustedes, significa que goza de otro modo, que es lo que ustedes no toleran. Se quiere reconocer en el Otro al prójimo, pero siempre y cuando no sea nuestro vecino” (J.-A. Miller, Enemigos éxtimos, Página/12) Cada uno de nosotros sabe y tiene claros ejemplos de estas cosas, muchas veces nos cuesta aceptar la ideología y modo de goce distinto de la otra persona, por lo que reaccionamos mal, rechazando, criticando ese goce, esa ideología la cual es distinta a la nuestra, esa gente a la cual separamos de nuestro grupo y entorno, y tomamos a  Freud, nuevamente, para respaldar esto: “siempre es posible ligar en el amor a una multitud mayor de seres humanos, con tal que otros queden afuera para manifestarles la agresión” (Malestar en la cultura p.111).

El odio constituye al sujeto:

Pero entonces, ¿qué hacemos? Nos encontramos ante esa inevitable pregunta: ¿Cómo dejar de odiar? En base a esto, no tenemos forma de eliminar este odio constitutivo, no podemos arrancarlo de nosotros, por lo que nos encontramos constantemente en una lucha de odio-represion en la cual tendemos a tapar este odio, a ponerle tapujos, encontrando en esto un tipo de solución, un tapujo al odio el cual tarde o temprano saldrá disparado, pues es inevitable el odiar.
Pero, de todas formas… ¿acaso no hay cierto goce en este odio y agresión puesta en el otro? Y, por otro lado, ¿Freud no nos habló de un masoquismo moral?

Referencias:
-    Freud S. (1930) El malestar en la cultura. Tomo XXI, Amorrortu editores.
-    Schepet-Hughes N. y Lock M. (1987) El cuerpo “mindful” (pensante): prolegómenos hacia el futuro trabajo en la Antropología Médica. Medical anthropology quarterly (N° 1).
-    Miller J.-A. (2010) Enemigos éxtimos. Página/12



Escrito por: 

https://www.facebook.com/gabriel.navas.735507https://www.instagram.com/gabriel.nvsab/ Gabriel Navas. Estudiante de psicología en la Universidad Barceló La Rioja-Argentina

https://instagram.com/arielmoreyraa?utm_source=ig_profile_share&igshid=gx4fbfpao8bo Ariel Moreyra. Estudiante de psicología en la Universidad Barceló La Rioja-Argentina 
Odio y agresión, ¿fruto cultural o factor innato? Odio y agresión, ¿fruto cultural o factor innato? Reviewed by PsicoCultura on 16:47 Rating: 5

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