Sociedad y cultura ¿determinantes de la autoestima?


Sociedad y cultura ¿determinantes de la autoestima?

No podemos negar que de adolescentes, al menos la mayoría de nosotros, tuvimos que pasar por distintos tipos de problemas. Pero, ¿acaso de eso no se trata la adolescencia? Etimológicamente significa adolecer, crecer, desarrollarse. Sí, pero el riesgo se presenta a la hora de la interacción con un grupo social a elección. Sabemos qué se siente el “no saber qué hacer”, sin comprender mucho lo que sucede, los altibajos emocionales, y tantas otras cosas por las que pasamos todos en ese tiempo. Miedo, nervios, ansiedad, no encajar en el grupo: determinantes de la autoestima personal. Pero, ¿son los únicos factores de “riesgo”? No, también se presentan los problemas socio-culturales y socio-económicos. Un adolescente con menos ingresos económicos, no podrá, lamentablemente, pertenecer a un determinado grupo social donde la mayoría de los integrantes tenga un nivel socio-económico más elevado.
No se debe negar el factor sexo-género. Tan tratado actualmente por debates y luchas con diversos movimientos socio-políticos. Pero preferimos, por ahora, darlo por sentado.
Los vínculos sociales son más que importantes. Es necesario pertenecer a un grupo social, ya que en estos el individuo comienza a crear sus ideales, se identifica con ciertas cosas. Es donde se produce la identificación parcial explicada por Freud en Psicología de las masas y análisis del yo.



Primeros vínculos sociales

La familia es el primer vínculo social. Allí es donde se crean las identificaciones con el padre y la elección de objeto con la madre. En base a esto surge el superyó, en cuanto a la identificación con el padre y otras autoridades. Pero la cultura y la sociedad siempre están colocando otro marco más para el superyó, para su severidad. ¿Cómo afecta todo esto al adolescente y su autoestima? Al pertenecer a un grupo social, debe responder como este. Caso contrario, el adolescente siente haber fallado ante este ideal grupal al que corresponde.
No hay que olvidar otro factor que regula al individuo y su inserción en la sociedad. Aquel que introduce más al individuo en la cultura: la escuela. Aquel en donde deberíamos aprender (y aprehender, en teoría) acerca de nuestra sociedad, nuestra cultura, normas de convivencia, y cómo producir y reproducir la interacción social. Más factores para impulsar la severidad del superyó. Es interesante lo que dijo Freud (1910) al respecto: “(…) la escuela media tiene que conseguir algo más que no empujar a sus alumnos al suicidio; debe instalarles el goce de vivir y proporcionarles apoyo, en una edad en que por las condiciones de su desarrollo se ven precisados a aflojar sus lazos con la casa paterna y la familia.” (Contribuciones para un debate sobre el suicidio, p. 231-232). No es más que una regulación. Que actualmente la escuela logre esto, es de pensarlo y repensarlo. La escuela solo sirve como una fábrica en la cual nos hace civilizados, nos inculca un saber con el cual deberíamos responde ante la sociedad. Por el contrario, como ya dijimos, suelen responder en base a lo aprendido en el grupo social elegido.
En la adolescencia, riesgosa y alterada, suele haber momentos de “crisis existenciales” en donde se pregunta quién es, qué hace, para qué hace tal cosa y con qué sentido, etc. es donde los ideales empiezan a responder. Nos dice Beatriz Janin, psicoanalista de niños y adolescentes (2011): “Frente al quiebre de la imagen de sí, los ideales pueden ser el sostén narcisista, en tanto aparezcan como posibles de ser cumplidos en un futuro.” (Los adolescentes, riesgos y aperturas. Actualidad psicológica, p. 6).

Del goce capitalista

¿Qué es lo riesgoso de todo esto? El goce sin límite. El individuo al pertenecer a un grupo social determinado, cree tenerlo todo, en caso de ser bien incluido en él. Guy Briole, psicoanalista fracés, nos comenta (2013): “(…) el sujeto es (…) aliviado de lo que lo podría limitar. Pero (…) se ve alienado al imperativo moderno: “goza sin límite” (…). En este sentido, consumir se parece a un acto ciudadano: consumir para salvar el capitalismo salvaje que nada limita en la época del declive del nombre del padre.“ (Manía, melancolía y goce triste en el silo XXI, p.14).
Muchas veces manifestamos enojo hacia la sociedad, de las injusticias que puedan haber hacia nosotros, de no alcanzarnos el dinero, de querernos parecer a alguien más. Acontece lo siguiente: nos defendemos de la sociedad utilizando cosas de ella; entonces, ¿quién es mi enemigo? ¿De qué me estoy defendiendo? Tenemos una lucha interminable con lo que convivimos día a día y con lo que siempre nos termina generando malestar, la sociedad es la causante del dolor que muchas veces sentimos; con pensarlo nos damos cuenta: ¿quién impuso el cuerpo perfecto al cual pocos llegan? ¿Quién dijo que debemos seguir una moda? ¿Quién nos impuso un modelo especifico y que con este se obtiene la felicidad?, y es el mismo modelo que constantemente se ataca, pues vemos en este algo totalmente maligno, algo que se encarga de muchas veces inducirnos a dudas, dolor, baja autoestima; respaldo esta argumentación con lo dicho por Freud (1930): “Se descubrió que el ser humano se vuelve neurótico porque no puede soportar la medida de frustración que la sociedad le impone en aras de sus ideales culturales, y de ahí se concluyó que suprimir esas exigencias o disminuirlas en mucho significaría un regreso a posibilidades de dicha” (El malestar en la cultura, p. 124).
Encontramos en estas vivencias, en la vida cotidiana, este fenómeno, esta tragedia causada por el capitalismo; tragedia que muchas veces convertimos en una especie de “tragicomedia” que en cierta forma nos proporciona alivio, burlándonos muchas veces de nosotros y la vida que llevamos, vida en pos de un objetivo específico al cual nos esforzamos dejando nuestras vidas por alcanzarlo, y el cual es impuesto a toda la masa social; incluso aquí encontramos algo curioso: no hace falta tener profundos estudios sobre el tema para saber que el humor afecta a los individuos, pero, ¿cómo? Guy Briole nos dice (2013): “el humor es un afecto (…) no está reprimido sino desplazado (…) las variaciones del humor estarían (…) ligadas a las relaciones del sujeto con su falta” (Manía, melancolía y goce triste en el siglo XXI, p. 18).


Tristeza y amor, marcos del individuo

La depresión no es siempre algo que solo posean los adultos y se dé en una edad tardía, sino que la misma abarca un proceso, una serie de pasos podría decirse, por medio de los cuales se llega a la depresión como tal; claramente el dolor forma parte muy importante de este proceso, pues es quien se encarga de llevar a la depresión, pero, ¿cómo se manifiesta esto en un individuo? Gracias al psicoanálisis, comprendemos que nuestras dolencias son psíquicas; y, a su vez, con esto se comprende que una persona no es doliente o depresiva porque sí. Muchas veces uno se pregunta por qué está tan mal, por qué le sucede tal cosa o tal otra... generalmente no llegamos a una repuesta o motivo claro, y concluimos generalmente con lo de siempre: “solo lo hace por llamar la atención”, mientras que es todo lo contrario; se busca ayuda, en cierta forma, pero se lo reprime por otra, pues es este el trabajo del inconciente, por lo que notamos una constante lucha en el sujeto: oculta pero mostrando. Aunque vemos en este dolor una búsqueda, pues debemos tener en cuenta que somos sujetos regidos tanto por pulsiones de vida como por pulsiones de muerte, esto quiere decir que vamos a tener ciertas tendencias masoquistas, vamos a tender al sufrimiento, vamos a ver en ese dolor algo llamativo. El dolor, al que tarde o temprano volvemos; Freud lo dice claramente: “Siempre nos inclinaremos a aprehender la miseria de manera objetiva, (…), a situarnos con nuestras exigencias y nuestra sensibilidad en las condiciones de antaño, a fin de examinar que hallaríamos en ellas que pudiera producirnos unas sensaciones de felicidad o de displacer” (El malestar en la cultura, p. 88).
El amor, ese placer, ese goce que disfrutamos; con el paso del tiempo, sobretodo últimamente, ha ido cambiando, mutando de una manera increíble: el amor ya no es puesto en cuanto el cuerpo, sino en cuanto otros artefactos que nos producen goce, placer. En esto podría marcarse la cuestión de las drogas y alcohol… un individuo debe –muchas veces- iniciarse en la ingesta de algún tipo de sustancias para ser aceptado en un determinado grupos social. Freud (1930) nos dice: “(…) existen sustancias extrañas al cuerpo cuya presencia en la sangre y los tejidos nos procura sensaciones directamente placenteras pero a la vez alteran de tal modo las condiciones de nuestra vida sensitiva que nos vuelven incapaces de recibir mociones e displacer.” (El malestar en la cultura, p. 78). Cuando una persona no quiere iniciarse en esta ingesta, suele ser vilmente alejado del grupo, segregado.

El individuo y sus desenlaces

¿Acaso esto no afecta en el autoestima del individuo? Por supuesto. Todos sentimos alguna vez el horrible mal estar que produce el ser alejado de un grupo, no encajar en él. Esto le da un terrible baja autoestima al sujeto, el sentirse menos que los demás. Aquí, como “solución” a esto, puede surgir el fenómeno del cutting y entrar así en otro grupo social, incluso más peligroso que el anterior que lleva al adolescente X a buscar una cierta “adicción” o placer hacia el dolor. El cutting es un tema mucho más amplio y peligroso, que lleva al sujeto al “poder controlar la herida” al ser física, pero no poder controlar la herida interna, mental, que le causa el malestar, el “no encajar en la sociedad”. Sabido es que grupos de este tipo pueden desencadenar suicidio e incluso tragedias peores como la acontecida en el año 2004, en Carmen de Patagones, cuando “Junior” asesinó a varios de sus compañeros por el bullying, otro tema que suele llevar a la baja autoestima. En el año 1999, ocurrió la masacre de Columbine, porque los atacantes tenían “ira por la sociedad”.
Hemos nombrado solo dos casos de masacre contra la escuela, contra la sociedad en sí. ¿Acaso esto no es por culpa de la cultura, la sociedad, y todos los estigmas impuestos? ¿Acaso estos casos, que son solo dos de tantos que hubo, no son causados por la autoestima baja de los individuos y por la depresión que les causaba vivir en sociedad?

Referencias:
Freud S.: (1930) El malestar en la cultura. Tomo XXI, Amorrortu editores.
Briole G.: (2013) Manía, melancolía y goce triste. Colección grulla, CIEC.
Freud S.: (1910) Contribuciones para un debate sobre el suicidio. Tomo XI, Amorrortu editores.
Janin B. (2011) Los adolescentes, riesgos y aperturas. Actualidad psicológica (N° 394)
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Escrito por: 

https://www.facebook.com/gabriel.navas.735507https://www.instagram.com/gabriel.nvsab/ Gabriel Navas. Estudiante de psicología en la Universidad Barceló La Rioja-Argentina

https://instagram.com/arielmoreyraa?utm_source=ig_profile_share&igshid=gx4fbfpao8bo Ariel Moreyra. Estudiante de psicología en la Universidad Barceló La Rioja-Argentina



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